Un Caso de Posesión en México; demonio revela que aborto y violencia es producto de ellos

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Impresionante Profecía dada a una Colombiana sobre el Vuelco 180º de la Tierra

Dicen que uno es una casualidad, dos una coincidencia y tres una certeza.

Deberíamos pensar entonces, que si se cumplen tres profecías de una persona, es porque tiene un don certero.

Y sus próximas profecías debieran mirarse con suma atención.

Este es el caso de una abogada colombiana que ha recibido más de tres profecías que se cumplieron.

Y que tiene la convicción que fue preparada desde niña, con profecías intermedias, para comunicar al mundo la última gran profecía, que todavía no se materializó.

Ella recibe los mensajes de las formas más variadas.

A veces recibe sólo imágenes, a veces una voz le cuenta lo que va a suceder, y a veces sólo oye el sonido ambiente en el momento que está sucediendo el hecho.

En ocasiones recibe una redundancia de mensajes indicando que el hecho está cercano, y en otras, se le menciona la fecha.

Pilar Zarama tuvo una entrevista con Lucelly e hizo este artículo sobre su historia; especialmente sobre la última gran profecía.

Esto nos trae a la mente que recientemente la revista Forbes ha publicado una artículo donde detalla las profecías de Gordon-Michael Scallion.

Quien afirma que en los años ochenta tuvo un despertar espiritual que le ayudó a crear mapas muy detallados del mundo futuro, derivados de un cambio cataclísmico de los polos.

Scallion creía que el cambio de los polos provendría del calentamiento global, la actividad nuclear y el uso indebido de la tecnología.

Scallion predijo un cambio de 20-45 grados en el eje de la Tierra.

Sin embargo las razones de cambios más tremendos serían una colisión de un asteroide o un cometa con la Tierra, o la influencia de su atracción cuando roce la Tierra

Lo que podría hacer que el planeta entero desplace su eje de rotación de manera más considerable.

Esto es más cercano a la profecía que relata este artículo.

Aquí hay un mapa publicado por Forbes sobre cómo quedaría Sudamérica según las profecías de Scallion, de un cambio relativamente menor del eje de la Tierra.

Como se verá en este artículo, este mapa dista mucho del que le fue presentado a Lucelly en un mensaje hace más de 10 años, y que publicamos abajo.

 

QUIÉN ES LA PROFETIZA COLOMBIANA

Lucelly nació en una población de la zona andina de Colombia, hace más de cincuenta años.

Desde pequeña fue una niña especial, diferente al común de las demás niñas.

Entre otras muchas características que veremos más adelante, nuestra protagonista en esta historia presentó desde pequeña el don de la profecía, que al principio no entendía de qué se trataba.

Con el correr del tiempo, al observar cómo sueños, visiones o audiciones que había tenido, terminaban cumpliéndose de la misma forma cómo ella los había experimentado previamente, entonces entendió que eran vivencias anticipadas de acontecimientos futuros.

En ocasiones supo la fecha exacta del acontecimiento que fue confirmado más tarde con exactitud.

 

LOS PADRES DE LUCELLY

En su familia, sus padres fueron católicos muy piadosos.

Su padre, quien falleció a temprana edad, madrugaba a rezar el rosario y luego pedía que alistaran a su hija Lucelly, para llevársela a caballo para la finca.

Su madre, fue siempre una persona muy misericordiosa, dedicada a cuidar a los enfermos y ayudar a las personas más necesitadas, sin distingos de credo, raza o partido político.

LA INFANCIA DE LUCELLY

Por iniciativa personal, y a escondidas de su propia madre, Lucelly decidió hacer su primera comunión cuando estaba cursando primero de primaria, para lo cual asistió a todos las catequesis que se estaban dictando para las niñas que iban a recibir la primera comunión.

Cuando llegó el día de la primera comunión, tuvo que enfrentarse con las niñas de ese curso, quienes le decían que ella no podía hacerse con ellas porque estaba vestida con el uniforme de gala de su colegio y no con el acostumbrado vestido blanco.

La madre Superiora del centro educativo, después de llamarla, y averiguar lo que estaba sucediendo, decidió dejarla hacer su primera comunión porque el deseo de la niña estaba por encima de todo: no le importaban ni la fiesta, ni los regalos, ni el vestido.

Todo su entusiasmo se centraba en la alegría de recibir a Jesús Sacramentado.

Después de su primera comunión, ella empieza a interesarse por la lectura de la Biblia, en particular disfrutaba mucho de la lectura de la historia sagrada, de los grandes patriarcas y profetas.

El estudio de las materias del colegio lo toma con tal responsabilidad que siempre saca las mejores notas de su curso, a pesar de que decide no llevar cuadernos porque tenía una memoria prodigiosa.

Pero no le llaman la atención la calle, ni las fiestas.

Regala sus muñecas y sus juguetes a las niñas más pobres que ella.

Siempre sintió el vacío que produce en los demás el hecho de ser diferente, el de ser considerada rara, extraña.

 

EXPERIENCIAS QUE MARCARON SU VIDA

Alguna vez se sintió tan mal de estar en el mundo que le dijo a Dios que ella no quería estar más acá.

Le preguntó que para qué había venido a este mundo, porque nada de lo que veía de esta tierra, le gustaba.

Esa noche tuvo un sueño, en el cual veía a Nuestro Señor Jesucristo de pie con su Sagrado Corazón flameante, frente a una mesa gigantesca, infinita y alargada, cubierta con un mantel blanco.

Y ella era un pequeño pájaro transparente, a quien Nuestro Señor extendía sus brazos.

Al día siguiente amaneció sintiéndose diferente y se le esfumaron los deseos de irse de este mundo.  

 

CONSAGRACIÓN Y CUIDADO DE SU MADRE

Aunque tuvo muchos enamorados, ella notó que no existía una verdadera afinidad con ellos.

Los pretendientes eran muy dados a las fiestas y gustaban del licor, cosa que hizo que Lucelly prefiriera permanecer en soltería.

STUDIOS SUPERIORES

En su tierra natal, Lucelly estudia su primera carrera: Idiomas.

Años más tarde viaja Bogotá y estudia su segunda carrera: Derecho.

Terminada su carrera de abogacía, tuvo que volver a su pueblo natal para hacer su judicatura.

Llegó a estar amenazada de muerte por impartir justicia entre casos de maldad y corrupción.

Aunque tuvo muchas oportunidades de enriquecerse, se mantuvo firme en la defensa de la ley y de la justicia.

Combatió especialmente casos de abuso sexual infantil y de narcotráfico.

Mientras estuvo ejerciendo su profesión en su propio pueblo, debido al sueño que tuvo con Nuestro Señor Jesucristo, estuvo convencida de que estaba cumpliendo con una misión encomendada a ella desde el Cielo.

Su vida estuvo constantemente amenazada, por lo cual, su madre quería que ella renunciara a ese trabajo, porque no podía resistir la constante preocupación de que a su hija la iban a matar, en un pueblo donde no se respetaba la vida de nadie.

No obstante, Lucelly siempre tuvo la convicción de que Dios la protegía porque ella estaba cumpliendo con una misión encomendada por Él.

 

EL DON DE PROFECÍA DE LUCELLY

Desde chica empieza a tener sueños y premoniciones, sobre hechos que más tarde se cumplen, tal cual ella los había conocido con anterioridad.

Su don, que con el tiempo ella entendió que era el don de profecía, se manifestó de manera más abierta al interés público, a partir de 1985.

LA TRAGEDIA DE ARMERO: AÑO DE 1985

En ese año, estando en su pueblo natal, precisamente mientras sus vecinos querían animarla para que asistiera a las fiestas de la localidad, ella estaba recibiendo mensajes.

Oía las voces y los ruidos de una tragedia que en su interior sabía que era algo que estaba sucediendo en ese preciso momento en algún lugar del país.

Lucelly respondió ante la insistencia de sus conocidos, que algo terrible estaba pasando y que no podía sacar eso de su mente.

Pasó toda la noche sin dormir, escuchando los gritos de hombres, mujeres y niños y toda clase de ruidos, incluidos los ruidos de los carros, la gente que corría y el lodo arrastrándolo todo.

A la mañana siguiente, alguien vino a tocar a su puerta para contar lo que una reconocida cadena radial estaba reportando.

En efecto, la noche anterior había ocurrido una tragedia en Armero: una avalancha de lodo producida por el deshielo del Nevado del Ruiz, sepultó por completo a ésta población de treinta mil habitantes.

 

EL TERREMOTO DEL QUINDÍO: AÑO DE 1999

Lucelly recibió la profecía del terremoto del Quindío en el mes de noviembre  de 1998, dos meses antes, estando en Bogotá.

Estaba en la papelería Panamericana de la carrera séptima con avenida Jiménez de esa ciudad.

Ella sintió el movimiento vertical violento de un terremoto, al punto que su hermano, que estaba con ella, preguntó qué le estaba sucediendo.

Ella contestó: un terremoto. ¿Dónde?, preguntó su hermano.

En el Quindío, en el Quindío y en todos sus alrededores, respondió Lucelly.

Estando en la ciudad de Medellín, el seis de enero de 1999,  pidió a su madre quien estaba allá con ella, que se volviera al Quindío a empacar sus cosas para mudarse a Medellín porque ella sentía que ya se venía el terremoto.

El Quindío iba a ser castigado por tanto satanismo que había allá.

El viernes anterior al terremoto, llamó  a su madre a recordarle que ya era hora de haberse trasladado a Medellín.

Lucelly le advirtió que si no viajaba en esa semana, le iba a tocar el terremoto porque ella sabía que iba a ocurrir la última semana de enero.

Después de haber tenido que sufrir el terremoto por no haber salido a tiempo de la ciudad de Armenia, capital del Quindío, por no haber seguido las instrucciones de su hija, su madre empieza a tener pánico a las profecías de su hija Lucelly.

 

TERREMOTO DE CHINA

En el mes de mayo de 2007, tuvo un sueño en Medellín.

Sueña a la Santísima Virgen en la advocación de María Auxiliadora quien le señala un florero azul que tenía en su alcoba.

Ella se pone a buscar que podría haber en el florero y profetiza el terremoto de China que ocurrió dos meses después, en ese año 2007.

Encuentra unos números en la base del florero: 8, 17, 15, y la inscripción “Made in China”.

Hasta la fecha no sabe cuál sea el significado de esta inscripción.

EL ATENTADO A LAS TORRES GEMELAS

Tres meses antes del atentado a las Torres Gemelas y de regreso a la casa donde vivía en Bogotá, escuchó una voz interna que le indica que mire para el cielo.

Esa voz le dice: “van a poner dos bombas en el aire en la ciudad de Nueva York a principios de septiembre”.

Ella no vio aviones ni torres gemelas, pero sí vio la humareda causada por las dos explosiones.

El día anterior al atentado ella contesta al comentario de una colega suya de que la noche estaba rara: “es como si mañana fueran a poner dos bombas en la ciudad de Nueva York a primeras horas”.

Tenía a una hermana y a sus sobrinas viviendo en Nueva York, por lo cual les dejó un mensaje de voz en el contestador, advirtiendo sobre el asunto de las bombas.

 

LA MÁS GRANDE DE LAS PROFECÍAS: EL VUELCO DE LA TIERRA

Esta profecía la recibe el 25 de noviembre del año 2004, también en Bogotá, tuvo un sueño en el cual estaba mirando a la Tierra desde el espacio.

La Tierra empezó a girar y ella empezó a dar la vuelta desde el espacio, al ritmo del giro de la Tierra.

La Tierra dio un giro de 180 grados a mano derecha.

Ella sintió un vértigo indescriptible.

Como cuando uno cae en el vacío, como si fuera precipitado a los abismos.

Cuando la Tierra termina de dar su giro de 180 grados, Lucelly ve el globo terrestre desde su perspectiva y pregunta: ¿Es Suramérica o África?

Y una voz pausada que retumbó en todo el universo, le contesta: “Es Suramérica. Dígale a la gente que rece el santo rosario”.

Ella ve a Suramérica en toda su extensión, cubierta por una camándula de cuentas azules, de un azul hermosísimo, unidas por un lazo gris también hermosísimo.

Son colores que ella nunca ha visto, formando la letra M y el corazón de la santísima Virgen y terminando en una T mayúscula, a diferencia de la cruz con que siempre terminan las cuentas del rosario.

Lucelly no sabe si el mapa de la camándula es lo único queda de Suramérica o del mundo, después de que la Tierra dé el vuelco de 180 grados.

Tampoco sabe la fecha en que ocurrirá este suceso.

Ella piensa que la importancia del mapa de la camándula es que la gente sepa hacia dónde tiene que movilizarse para refugiarse y se concientice de la necesidad del rezo del santo rosario.

No se le ha dado a conocer cuándo será el vuelco de la Tierra.

Lleva el mensaje del mapa de Suramérica a un sacerdote pidiéndole que se lo haga llegar al Papa (San Juan Pablo II) y éste le asegura que así lo hará.

EL VUELCO DE LA TIERRA ESTÁ PRÓXIMO Y TIENE CONFIRMACIONES

El vuelco de la Tierra está próximo, ella siente que la importancia del mensaje está en el rezo del santo rosario.

“El rosario es la oración para alcanzar la paz.”

“En el rosario se encuentra toda la vida de nuestro Señor Jesucristo”, agrega Lucelly.

Lucelly piensa que Dios la estuvo preparando por treinta años en su don de profecía para dar el mensaje del vuelco de la Tierra.

La profecía sobre el vuelco de la tierra está confirmada en la Sagrada Biblia en Isaías 13, 13:

Haré temblar los cielos y moverse la tierra de su sitio, por el furor del Señor del universo, el día del incendio de su ira”.

Pero también se encuentra publicada en el diario de Sor Lucía de Fátima en la página 159 donde ella escribió en enero de 1944:

La punta de lanza como llama que se desprende toca el eje de la tierra: ella se estremece: montañas, ciudades, pueblos y aldeas con sus habitantes son sepultados.

El mar, los ríos y las nubes salen de sus límites, desbordándose, inundando y arrastrando consigo en un remolino, casas, y personas sin número, que no se pueden contar, es la purificación del mundo por el pecado en el cual está inmerso”.

La reseña anterior fue publicada en el libro “Un Camino Bajo la Mirada de María”, publicado por la Editorial Carmelo de Santa Teresa de Coimbra, págs. 266 y 267.

 

EL MAPA DE SURAMÉRICA

Apenas recibió la profecía del vuelco de la tierra, las personas que conocían su don, se interesaron en que ella dibujara el mapa de la camándula sobre el croquis de Suramérica.

Lucelly trazó el rosario con la M de María que termina en forma de corazón, ubicándolo con las instrucciones que recibió sobre los lugares desde donde debe colgarse la camándula.

A continuación colocamos el gráfico resultante que fue elaborado con la supervisión de Lucelly por corresponder al mapa que le fue revelado, junto con el título que ella misma piensa que debe llevar el croquis.

Curiosamente el mapa de la camándula termina con la letra T, que también se llama Tau y representa la cruz.

En el antiguo testamento la Tau se usó en el libro de Ezequiel, a quien Dios le pidió recorrer la ciudad de Jerusalén y marcar la Tau en la frente de los hombres que gimen y se lamentan por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella. (Ez 9,4).

Esta señal libró a esos hijos de Israel del exterminio.

En el alfabeto hebreo, la Tau es la última letra.

En el alfabeto griego, también se encuentra presente la Tau, como la décimo novena letra de éste alfabeto.

Hay revelaciones dadas a los santos que sostienen que la señal de la cruz que llevarán los elegidos será una Tau.

Coincide entonces con la revelación de Lucelly sobre “el mapa de los elegidos”.

Se ha ampliado el mapa de la camándula que cae sobre territorio colombiano, y se ha encontrado algo bastante sorprendente.

Tiene una correspondencia bastante grande con los departamentos que conservan mayor adhesión a la fe católica tradicional.

Se sugiere a los lectores de Foros, que apliquen este mapa a sus respectivos países y que hagan el análisis correspondiente.

 

RECIBE EL MISMO DÍA EL MENSAJE DEL TSUNAMI DE INDONESIA

Recibe el mensaje del terremoto de Indonesia, el mismo día del mensaje del vuelco de la Tierra: el 25 de noviembre de 2004.

El terremoto de Indonesia, dijo ella que involucraba al mar, porque no conocía la palabra “tsunami”, hasta después de ocurrido el mismo.

Recibe también el conocimiento de que iba a ocurrir en el mes de diciembre, en Navidad.

En efecto, el tsunami ocurrió el 26 de diciembre del año 2004.

Entiende que la causa es que mucha gente no cree en la Santísima Virgen María y para recordarnos que Nuestro Señor Jesucristo vino en Navidad, por eso el terremoto-tsunami iba a darse en ese mes de diciembre.

Lucelly afirma que se le dieron dos profecías el mismo día, para que el cumplimiento de la profecía del Tsunami de Indonesia, le dé mayor credibilidad a la profecía del vuelco de la Tierra.

OTRAS PROFECÍAS AÚN NO CUMPLIDAS

 

PROFECÍA DEL TERREMOTO DE BOGOTÁ

La recibe en el mes de enero del 2005.

En esta oportunidad, Lucelly se para dando la espalda a los cerros de Bogotá – los cerros de Montserrate – sobre la carrera séptima con calle 32.

siente que desde allí  todo se hunde y que todo lo que está a sus espaldas queda inundado.

Desde allí, con los brazos extendidos horizontalmente, ve todo lo que está hacia el sur y hacia el occidente de la ciudad, hundido.

La razón del terremoto de Bogotá es porque hay mucho aborto y mucha maldad.

No ha recibido todavía ninguna información sobre la fecha del terremoto de Bogotá.

 

TERREMOTO DE MEDELLÍN

La profecía sobre el terremoto de Medellín la recibe en el año 2010.

Estaba durmiendo, en el sueño ella veía una tempestad terrible por lo cual pregunta el porqué de esa tempestad tan aterradora.

Le responden que porque Dios está muy enojado.

Lucelly tiene la convicción de que Medellín va a ser castigada con un terremoto por tanta violencia y corrupción.

Aconseja a los habitantes del Poblado que se salgan de allí.

 

LECTURA DE LA SAGRADA BIBLIA LE DA LA RESPUESTA A SU DON

¿Es el don de Lucelly algo enviado por Dios o a algo inexplicable?

Lucelly encuentra en la Biblia la explicación a su don de profecía después de completar la lectura de las Sagradas Escrituras en diciembre del 2007.

Nos suministra los siguientes pasajes bíblicos, en los cuales encuentra el sustento de su don.

Joel 3; 1-2. “Después de todo esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y visiones.

Incluso sobre vuestros siervos y siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.”

Hechos 2; 17-21.  “Y sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán y vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños y aún sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días, y  profetizarán.

Y obraré prodigios arriba en el cielo y signos abajo en la tierra, sangre y fuego y nubes de humo.

El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes de que venga el día del Señor, grande y deslumbrador.

Y todo el que invocare el nombre del Señor se salvará”.

Amós 3, 7. “Ciertamente, nada hace el Señor Dios sin haber revelado su designio a sus servidores los profetas”.

Recomienda a sus oyentes y lectores de este artículo, que es muy importante la lectura de las Sagradas Escrituras, especialmente el Nuevo Testamento y el rezo diario del Santo Rosario, ojalá en familia.

Estamos en el final del final de los tiempos, el cual comenzó con el terremoto-tsunami de Indonesia, según viene proclamando Lucelly desde esa época, y ya es hora de anunciar esta verdad.

Se acerca el retorno de Nuestro Señor Jesucristo para instaurar su Reino de Paz.

Falta poco tiempo.

Es hora de que todos cambien y se acabe tanta corrupción.

La preparación para la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo, también llamada venida intermedia, debe ser espiritual:

. Revisión de vida

. Confesión de vida

. Cambio o conversión

. Oración constante

. Lectura de la Biblia (al menos media hora diaria para recibir indulgencia plenaria)

. Asistencia diaria a la Santa Misa

. Recepción de la Sagrada Eucaristía

. Rezo diario del Santo Rosario  

Este es el video con el relato del artículo. El video 1 de 3 reproduce automáticamente los 3 videos y es el ideal para compartir en las redes.

Milagro eucarístico de Sokólka: ¡la hostia es tejido del corazón de una persona agonizante!

Análisis de laboratorios confirman que la estructura de la fibra del músculo del corazón y la estructura del pan estaban interligadas de una forma imposible de reproducir por medios humanos

Todos los días, en todos los altares del mundo, se produce el mayor milagro posible: el de la transformación del pan y del vino en el verdadero Cuerpo y Sangre de Jesucristo.

Sin embargo, al recibir la comunión, sólo podemos tocarlo con la fe, pues a nuestros sentidos se les ofrece sólo la forma del pan y del vino físicamente inalterada por la consagración.

¿Qué implicaciones tiene, por tanto, el acontecimento eucarístico de Sokólka, Polonia?

Sucedió el 12 de octubre de 2008, domingo, después de la beatificación del siervo de Dios p. Miguel Sopocko.

En la Santa Misa celebrada en la iglesia parroquial de San Antonio de Sokólka, a las 8:30 h, una hostia consagrada cayó de las manos de uno de los sacerdotes durante la distribución de la comunión, junto al altar. El sacerdote interrumpió la distribución de la comunión, la recogió y, de acuerdo con las normas litúrgicas, la colocó en el vásculum, un pequeño recipiente con agua que se encuentra normalmente al lado del sagrario, y que sirve para que el sacerdote de lave los dedos después de distribuir la comunión. La hostia debería disolverse en ese recipiente.

La hermana Julia Dubowska, de la congregación de las Hermanas Eucarísticas, era sacristana y servía en la parroquia. Al final de la misa, a petición del párroco, p. Stanislaw Gniedziejko, ella vertió el contenido del vásculum en otro recipiente, sabiendo que la hostia consagrada tardaría algún tiempo en disolverse, y colocó el otro recipiente en el cofre de la sacristía de la parroquia. Solamente ella y el párroco tenían las llaves del cofre.

Después de una semana, el 19 de octubre, Domingo de las Misiones, la hermana Julia, al preguntarle el párroco por el estado de la hostia, fue a ver el cofre. Al abrir la puerta, sintió un aroma delicado de pan ázimo. Cuando abrió el recipiente, vio el agua limpia con la hostia sin disolverse y, en medio de ella. una mancha arqueada de color rojo intenso, recordando un coágulo de sangre, una partícula viva de un cuerpo. El agua permanecía incolora.

La hermana informó inmediatamente al padre, que trajo a los sacerdotes locales y el misionero p. Ryszard Górowski. Todos quedaron sorprendidos y atónitos de lo que vieron.

Mantuvieron discreción y prudencia, sin dejar de tener en cuenta el peso del acontecimiento, pues se trataba de pan consagrado que, por el poder de las palabras de Cristo en el cenáculo, es verdaderamente Su Cuerpo. Desde el punto de vista humano, era difícil definir si la forma alterada del fragmento de la hostia era el resultado de una reacción orgánica, química o de otro tipo.

Inmediatamente notificaron al arzobispo metropolitano de Bialystok, Edward Ozorowski, que se dirigió a Sokólka juntamente con el canciller de la curia, los sacerdotes prelados y catedráticos. Todos quedaron profundamente conmovidos con lo que veron. El arzobispo mandó proteger la hostia, esperar y observar lo que sucediera.

En el 29 de octubre, el recipiente con la hostia fue transportado a la capilla de la Misericordia Divina, en la casa parroquial, y colocado en el sagrario. Al día siguiente, por decisión del arzobispo, se retiró la hostia con la mancha visible del agua, se colocó en un pequeño corporal y en seguida en el sagrario. De este modo la hostia fue conservada durante tres años hasta ser llevada solemnemente a la iglesia, el 2 de octubre de 2011. Durante el primer año, fue guardada en secreto. Fue un tiempo de reflexión sobre qué hacer, ya que se trataba de una señal de Dios que era necesario interpretar.

Hasta mediados de enero de 2009, el fragmento de la hostia alterada se secó de forma natural y permaneció como coágulo de sangre. Desde entonces, no cambió de apariencia.

En enero de 2009, el arzobispo ordenó que se hiciesen análisis pato-morfológicas de la hostia, y, en 30 de marzo, creó una comisión eclesial para analizar el fenómeno.

El fragmento recogido de la hostia en forma alterada fue analizado por la profesora Dra. Maria Sobaniec-Lotowska y por el profesor Dr. Stanislaw Sulkowski, de forma independiente uno del otro, con vistas a una mayor credibilidad de los resultados. Ambos son pato-morfologistas de la Universidad de Medicina de Bialystok. Los análisis fueron realizados en el Instituto de Pato-Morfología de la misma universidad.

El trabajo de los dos especialistas fue regido por las normas y obligaciones de los científicos para analizar cada problema científico de acuerdo con las directrices del Comité de Ética de la Ciencia de la Academia de las Ciencias Polacas. Los análisis fueron descritos y fotografiados exhaustivamente. La documentación completa fue entregado a la Curia Metropolitana de Bialystok.

Cuando se recogieron muestras para analizar, la parte no disuelta de la hostia consagrada estaba ya embebida en el tejido. Además, la estructura de sangre marrón del fragmento de la hostia no perdió nada de su claridad. Este fragmento estaba seco y frágil, íntimamente ligado a la restante parte de la hostia en forma de pan. La muestra recogida fue el suficiente para realizar todos los análisis indispensables.

Los resultados de ambos análisis independientes se sobrepusieron completamente. Concluyeron que la estructura del fragmento de la hostia que fue analizado es idéntica al del tejido del músculo del corazón de una persona viva, pero en estado de agonía. La estructura de la fibra del músculo del corazón y la estructura del pan estaban interligadas de forma muy estrecha, imposible de realizarse por métodos humanos, conforme declaración de la profesora Maria Sobaniec-Lotowska.

Los análisis realizados probaron que no se añadió ninguna otra sustancia a la hostia consagrada, sino que su fragmento tomó la forma de tejido del músculo del corazón de una persona en estado de agonía. Este tipo de fenómeno no es explicable por las ciencias naturales. Ya la enseñanza de la Iglesia nos dice que la hostia consagrada es el Cuerpo del propio Cristo, por el poder de Sus propias palabras, proferidas durante la Última Cena.

El resultado de los análisis pato-morfológicas datadas de 21 de enero de 2009 fue incluido en el protocolo entregado a la Curia Metropolitana de Bialystok.

En su comunicado oficial, a Curia Metropolitana de Bialystok afirmó:

“El acontecimiento de Sokólka no se opone a la fe de la Iglesia, pero la confirma. La Iglesia profesa que, tras las palabras de la consagración, por el poder del Espíritu Santo, el pan se transforma en el Cuerpo de Cristo y el vino en Su Sangre. Además de eso, se trata de un llamamiento para que los ministros de la Eucaristía distribuyeron el Cuerpo del Señor con fe y cuidado y que los fieles Lo reciben con adoración”.

 

SANTÍSIMA TRINIDAD TRISAGIO

Santísima Trinidad. 1635. José Ribera
Museo del Prado, Madrid.
[Santísima Trinida de José Ribera]

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R. Amén.

V. Señor ábreme los labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

V. ¡Dios mío, ven en mi auxilio!

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre…

R. Como era en un principio…

 

DECENAS
Se procede del siguiente modo: en primer lugar, dicen todos la deprecación Santo Dios (Sanctus Deus); después, como de costumbre, alternan la oración dominical el sacerdote (o el que dirige el rezo de las oraciones) y los demás; a continuación, se repiten nueve veces los versos siguientes, diciendo el sacerdote (o el que dirige el rezo de las Oraciones) A Ti la alabanza (Tibi Laus) y respondiendo todos Santo (Sanctus); al terminar se añade Gloria al Padre.

Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, ten misericordia de nosotros.
Padre nuestro…


V. A Ti la alabanza, a Ti la gloria, a Ti hemos de dar gracias por los siglos de los siglos, ¡oh Trinidad Beatísima!


R. Santo, Santo, Santo Señor Dios de los ejércitos. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.

V. Gloria al Padre…
R. Como era en un principio…

Las otras dos decenas se dicen del mismo modo, comenzando por las palabras Santo Dios, etc. Al terminar la última decena, todos dicen la siguiente:

A Ti Dios Padre no engendrado, a Ti Hijo unigénito, a Ti Espíritu Santo Paráclito, santa e indivisa Trinidad, con todas las fuerzas de nuestro corazón y de nuestra voz, te reconocemos, alabamos y bendecimos; gloria a Ti por los siglos de los siglos.

V. Bendigamos al Padre, y al Hijo, con el Espíritu Santo. 
R. Alabémosle y ensalcémosle por todos los siglos.

ORACIÓN FINAL
Oh Dios todopoderoso y eterno, que con la luz de la verdadera fe diste a tus siervos conocer la gloria de la Trinidad eterna, y adorar la Unidad en el poder de tu majestad: haz, te suplicamos, que, por la firmeza de esa misma fe, seamos defendidos siempre de toda adversidad. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos.

R. Amén.


Terminada la oración, todos añaden: Líbranos, sálvanos, vivifícanos, ¡oh Trinidad Beatísima!


1. La fiesta de la Santísima Trinidad fue establecida para todo Occidente en el año 1134 por el papa Juan XII. Se celebra el domingo después de Pentecostés y el Trisagio (oración de adoración y alabanza) debe rezarse durante tres días, empezando en el viernes antes de esta fiesta para acabar en el domingo.

https://www.youtube.com/watch?v=-vDeSRP68P0

EL SANTO ROSARIO EN ALGUNOS TEXTOS DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

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(PABLO VI, JUAN PABLO II, BENEDICTO XVI y otros)

En su intervención antes de rezar el Ángelus, el día 1 octubre de 2006, primer día del mes que la Iglesia dedica tradicionalmente al Rosario, Benedicto XVI recordó, como todos los años por las mismas fechas, la esencia de esta oración. «Es como si, cada año, Nuestra Señora nos invitara a redescubrir la belleza de esta oración, tan sencilla y profunda». El Rosario «oración contemplativa y cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura», es «la oración del cristiano que avanza en la peregrinación de la fe, en el seguimiento de Jesús, precedido por María».  Invitó el Papa «a rezar el Rosario durante este mes en familia» y en esas otras familias espirituales más amplias, «en las comunidades y en las parroquias», «por las intenciones del Papa, por la misión de la Iglesia y por la paz del mundo».

Además quiso señalar al «gran apóstol del Rosario», su predecesor, «el amado» Juan Pablo II. «Le recordamos arrodillado con la corona entre las manos, inmerso en la contemplación de Cristo, como él mismo invitó a hacer con la Carta Apostólica, evocó Benedicto XVI. Fue el 16 de octubre de 2002 cuando el Papa Karol Wojtyla celebró los 24 años de su pontificado con dos gestos simbólicos: la proclamación del Año del Rosario y la publicación de la citada Carta Apostólica dedicada a esta oración mariana. Durante la tradicional audiencia de los miércoles, celebrada aquel día en la Plaza de San Pedro en el Vaticano ante miles de peregrinos de los cinco continentes, Juan Pablo II firmó esta Carta y puso en manos de la Virgen María «la vida de la Iglesia y la vida tan convulsionada de la humanidad».

En «Rosarium Virginis Mariae» («El Rosario de la Virgen María») el entonces pontífice presentó la oración mariana -si se reza «con devoción y no mecánicamente»- como una «meditación de los misterios de la vida y de la obra de Cristo». [Comentaremos este documento más ampliamente en otro artículo].

Y como en los quince misterios del Rosario -que hasta entonces se contemplaban- faltaban los grandes acontecimientos de la vida pública de Cristo, en la nueva carta el Papa Karol Wojtyla añadió otros cinco misterios y los llamó «Misterios de luz».

Dijo el Papa Pablo VI que «el Rosario es una síntesis del Evangelio y ya en una devoción de la Iglesia» (1). Es decir, no es una simple devoción privada, sino en cierto modo –aunque no obligue a cada uno en particular– una devoción de toda la Iglesia, una y universal. «Estas preces del Rosario –afirmó en otra ocasión el mismo Papa Pablo VI–, el Concilio Ecuménico Vaticano II, aun cuando no con expresas palabras, pero sí con suficiente claridad, inculcó en los ánimos de todos los hijos de la Iglesia, en estos términos: “estimen en mucho las prácticas y ejercicios piadosos a Ella (la Virgen Madre de Dios) dirigidos, recomendados en el curso de los siglos por el Magisterio (L.G., n. 67)” (2). Es claro pues que «el mismo Concilio tácitamente ha recomendado el Santo Rosario» (3). «Como en otros tiempos –escribió san Josemaría Escrivá de Balaguer, al comienzo de su pequeño gran libro Santo Rosario–, ha de ser hoy el Rosario arma poderosa, para vencer en nuestra lucha interior, y para ayudar a todas las almas. Ensalza con tu lengua a Santa María: reparación te pide el Señor, y alabanzas de tu boca. ojalá sepas y quieras tú sembrar en todo el mundo la paz y la alegría, con esta admirable devoción mariana y con tu caridad vigilante» (4).

Juan Pablo II en muchas ocasiones reafirmó la actualidad y el valor del Rosario: «El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. En esta plegaria repetimos muchas veces las palabras que la Virgen María oyó del Arcángel y de su prima Isabel. Palabras a las que se asocia toda la Iglesia» (Alocución, 29-X-1979).

«Vengo en peregrinación a Fátima, como la mayoría de vosotros, con el rosario de la mano, el nombre de María en los labios, y el cántico de la misericordia de Dios en el corazón» (En el Santuario de Fátima, 12-V-1982).

«Hablé en la ONU el 2 de octubre, y mientras hablaba tenía en la mano mi rosario» (Homilía en el Santuario de Pompeya, 21-X-79; palabras al margen del texto escrito: cfr. ABC, 23-X-1979).

¿Qué es el Santo Rosario?

El Santo Rosario «trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las Avemarías pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo».

«El Rosario en su conjunto consta de misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y nos ponen en comunión vital con Jesucristo a través –se puede decir– del Corazón de su Madre» (Alocución, 29-X-78).

«Hay una oración que tengo especial agrado en recoger y subrayar: la oración hecha contemplando los misterios del Rosario; esa escala para subir al cielo compuesta de oración mental y vocal que son las dos alas que el Rosario de María ofrece a las almas cristianas. Una forma de oración que también el Papa practica con asiduidad y a la que os invita a uniros a todos vosotros, sobre todo en el próximo mes de mayo consagrado a la Virgen» (Homilía, 29-IV-1979).

«Ella se turbó ante estas palabras y se preguntó qué saludo era aquél… El Evangelista Lucas dice que María ‘se turbó’ ante las palabras que le dirigió el arcángel Gabriel en el momento de la anunciación y ‘se preguntaba qué saludo era aquél’. Esta meditación de María constituye el modelo primero de la oración del Rosario. Es la oración de quienes aman el saludo del ángel a María. Las personas que rezan el Rosario vuelven a tomar con el pensamiento y el corazón la meditación de María y rezando meditan ‘qué saludo era aquél’» (Homilía, 2-X-1983).

Algo de lo que rezamos en el Rosario

«En primer lugar repiten las palabras dirigidas a María por Dios mismo a través de su mensajero.

«Las personas que aman el saludo del ángel a María repiten unas palabras que vienen de Dios. Al rezar el Rosario, pronunciamos una y otra vez estas palabras. No es ésta una repetición simplista. Las palabras dirigidas a María por Dios mismo y pronunciadas por el mensajero divino encierran un contenido arcano.

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…» (Lc 1, 28), «bendita entre las mujeres» (Lc 1, 42).

«Dicho contenido está íntimamente vinculado al misterio de la redención. Las palabras del saludo angélico a María introducen en este misterio y al mismo tiempo encuentran en él su explicación.

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra»… «Concebirás y dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús».

«Palabras decisivas ciertamente. El saludo del ángel a María marca el comienzo de las «obras de Dios» más grandes en la historia del hombre y del mundo. Este saludo abre de cerca la perspectiva de la redención.

«No es, pues, de extrañar que María se «turbase» después de oír las palabras de este saludo. La cercanía de Dios vivo produce siempre santo temor. Ni es de maravillar que María preguntase ‘qué saludo era aquél’. Las palabras del arcángel la situaron ante un misterio divino inescrutable. Más aún, la implicaron en la órbita de este misterio. No se puede meramente constatar tal misterio. Hay que meditarlo de continuo y con profundidad creciente. Pues tiene fuerza para llenar no sólo una vida, sino también la eternidad.

«Y todos los que amamos el saludo del ángel tratamos de participar en la meditación de María. Y tratamos de hacerlo sobre todo cuando rezamos el Rosario».

Nos introduce en todos los misterios de la Redención

«En las palabras pronunciadas por el Mensajero de Nazaret, María como que vislumbró en Dios toda su vida en la tierra y en su eternidad.

«Pues, ¿por qué María, al oír que iba a ser Madre de Dios, no responde con entusiasmo espiritual, sino ante todo con un humilde Fiat: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí su palabra»?

«¿Acaso no fue porque sintió ya desde entonces el dolor acuciante del reinar «en el trono de David» que iba a corresponder a Jesús?

«Al mismo tiempo el arcángel anuncia que «su reino no tendrá fin».

«En las palabras del saludo angélico a María,

comienzan a desvelarse todos los misterios en que tendrá cumplimiento la redención del mundo, misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. Igual que en el Rosario».

«Al preguntarse María ‘qué saludo era aquél’, parece como que entra en todos estos misterios y nos introduce a nosotros en ellos.

«Nos introduce en los misterios de Cristo y juntamente en sus propios misterios. Su acto de meditación en el momento de la anunciación, abre el camino a nuestras meditaciones durante el rezo del Rosario y gracias a éste.

«El Rosario es la oración en la que, con la repetición del saludo del ángel a María, tratamos de sacar nuestras consideraciones sobre el misterio de la redención partiendo de la meditación de la Virgen. Su reflexión iniciada en el momento de la anunciación prosigue en la gloria de la asunción. Profundamente inmersa en el misterio del hombre, del Hijo y del Espíritu Santo, en la eternidad María se une, por ser Madre nuestra, a la plegaria de quienes aman el saludo del ángel y lo expresan en el rezo del Rosario.

«En esta oración nos unimos a Ella como los Apóstoles congregados en el Cenáculo después de la ascensión de Cristo. Lo recuerda la segunda lectura de la liturgia de hoy sacada de los Hechos de los Apóstoles. Tras citar los nombres de cada Apóstol, el autor escribe: ‘Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María la madre de Jesús, y con sus hermanos’. Con esta oración se preparaban a recibir al Espíritu Santo el día de Pentecostés. Oraba con ellos María, quien el día de la anunciación había recibido al Espíritu Santo con plenitud eminente. La plenitud particular del Espíritu Santo determina en Ella una particular plenitud de oración. Con esta plenitud singular María ora por nosotros y con nosotros.

«Preside naturalmente nuestra oración. Congrega sobre toda la tierra inmensas legiones de los que aman el saludo del ángel, y estas junto con Ella mientras rezan el Rosario «meditan» el misterio de la redención del mundo.

«De este modo se prepara la Iglesia sin cesar a recibir al Espíritu Santo, como el día de Pentecostés.»

Eficacia extraordinaria

«Se cumple este año el primer centenario de la Encíclica del Papa León XIII Supremi apostolatus, con la que este gran Pontífice decretó la dedicación especial del mes de octubre al culto de la Virgen del Rosario. Subrayaba él con fuerza en este documento, la eficacia extraordinaria de esta oración rezada con alma pura y devoción, para obtener del Padre celestial, en Cristo y por intercesión de la Madre de Dios, protección contra los males más graves que puedan amenazar la cristiandad y a la misma humanidad, y conseguir así los supremos bienes de la justicia y la paz entre los individuos y entre los pueblos.

«Con este gesto histórico, León XIII no hacía otra cosa sino sumarse a los numerosos Pontífices que le habían precedido–entre ellos San Pío V–y dejaba una consigna a quienes le iban a seguir en el fomento de la práctica del Rosario. Por ello, también yo quiero deciros a todos: haced que el Rosario sea ‘dulce cadena que os una a Dios’ por medio de María» (Angelus, 2-X-82).

La oracion «con Maria»

«María está siempre en el mismo centro de nuestra oración. Ella es la primera entre los que piden. Y es la omnipotentia supplex: la omnipotencia suplicante».

«Y (el Rosario) es nuestra oración predilecta, que le dirigimos a Ella, a María. Ciertamente; pero no olvidemos que, al mismo tiempo, el Rosario es nuestra oración con María. Es la oración de María con nosotros». Rezamos pues el Rosario con María «para meditar, junto con Ella, los misterios que Ella, como Madre, meditaba en su corazón (cfr. Lc. 2, 19), y sigue meditando, sigue considerando. Porque ésos son los misterios de la vida eterna. Todos tienen su dimensión escatológica. Están inmersos en Dios mismo. En ese Dios que ‘habita una luz inaccesible’ (I Tim 6, 16), están inmersos esos misterios, tan sencillos y tan accesibles. Y tan estrechamente ligados a la historia de nuestra salvación».

«Por eso (…) esta oración de María, este Rosario, está abierto constantemente hacia toda la misión de la iglesia, hacia sus dificultades y esperanzas, hacia las persecuciones e incomprensiones, hacia cualquier servicio que Ella cumple en relación con los hombres y los pueblos. Esta oración de María, este Rosario es precisamente así porque desde el principio ha estado invadido por la ‘lógica del corazón’. En efecto, la madre es corazón. Y la oración se formó en ese corazón mediante la experiencia más espléndida de que fue partícipe: mediante el misterio de la Encarnación» (Homilía en el Santuario de Pompeya, 21-X-1979).

Dulce cadena que nos une a Dios

«Por tanto, invito a todos los que me escuchan en este momento a asociarse espiritualmente a (…) la última parte de la «Súplica» (antigua oración), que me dispongo a rezar ahora:

«oh Rosario bendito de María, dulce cadena que nos vuelves a unir con Dios, vínculo de amor que nos unes a los Angeles.

Torre de salvación en los asaltos del infierno.

Puerto seguro en el naufragio común, nosotros no te dejaremos jamás.

Tú serás consuelo en la hora de la agonía, a ti el último beso de la vida que se apaga.

Y el último acento de nuestros labios será tu nombre suave, oh Reina del Rosario de Pompeya, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los afligidos.

Seas bendita en todas partes, hoy y siempre en la tierra y en el cielo.

Amén». (Angelus, 8- V-1983).

Rezar el Rosario todos los dias

«Sed fieles a vosotros mismos, conservad vuestra herencia de la fe, de valores espirituales y de honradez de vida, que recibisteis de vuestros mayores, a la luz y con las bendiciones de María Santísima; es una herencia rica y buena. Y ¿queréis que os enseñe un ‘secreto’ para conservarla? Es sencillo y ya no es secreto: rezad, rezad mucho; rezad el rosario todos los díás» (En el Santuario de Fátima, 12- V-1982).

«Como sabéis, mañana comienza el mes de octubre, que la piedad de los cristianos ha querido vincular en particular con un mayor compromiso y devoción de rezar diariamente el Santo Rosario, al que mis predecesores Pio XII y Pablo VI llamaron ‘compendio de todo el Evangelio’. Desde hace siglos esta oración ocupa un lugar privilegiado en el culto a la Santísima Virgen, ‘a cuyo amparo se acogen los fieles suplicantes en todos los peligros y necesidades’ (Canc. Vat. II, Lumen gentium, 66)» (Encuentro con los peregrinos, 3O-IX-1981; Cfr Pablo VI,  Hom 21-X-66)

El Rosario en familia

«Dentro del debido respeto a la libertad de los hijos de Dios, la Iglesia ha propuesto y continúa proponiendo a los fieles algunas prácticas de piedad en las que pone una particular solicitud e insistencia. Entre ésta es de recordar el rezo del Rosario: ‘Y ahora, en continuidad de intención con nuestros Predecesores, queremos recomendar vivamente el rezo del santo Rosario en familia (…) No cabe duda de que el Rosario a la Santísima Virgen debe ser considerado como una de las más excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana está invitada a rezar. Nos queremos pensar y deseamos vivamente que cuando un encuentro familiar se convierta en tiempo de oración, el Rosario sea su expresión frecuente y preferida’ (Pablo VI, Marialis cultus, S2-54). Así, la auténtica devoción mariana, que se expresa en la unión sincera y en el generoso seguimiento de las actitudes espirituales de la Virgen Santísima, constituye un medio privilegiado para alimentar la comunión de amor de la familia y para desarrollar la espiritualidad conyugal y familiar. Ella, La Madre de Cristo y de la Iglesia, es, en efecto, y de manera especial, la Madre de las familias cristianas, de las iglesias domésticas» (Exhortación apostólica Familiaris consortio, 22-XI-1981, n. 61).

«La Iglesia nos propone una oración muy sencilla, el Rosario, ese Rosario que puede tranquilamente desgranarse al ritmo de nuestra jornadas. El Rosario, lentamente rezado y meditado, en familia, en comunidad, individualmente, os hará entrar poco a poco en los sentimientos de Cristo y de su Madre, evocando todos los acontecimientos que son la clave de nuestra salvación» (Homilía, Zaire, 5-V-198O).

El Rosarioabierto a todos los problemas humanos

«Esta oración de María, inmersa en la luz del mismo Dios, sigue al mismo tiempo abierta siempre hacia la tierra. Hacia todos los problemas humanos. Hacia los problemas de cada hombre y, a la vez, de todas las comunidades humanas, de las familias, de las naciones; hacia los problemas internacionales de la humanidad, como por ejemplo, los que me tocó suscitar ante la Asamblea de las Naciones Unidas» (Homilía en el Santuario de Pompeya, 21-X-1979).

«Al mismo tiempo nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida de la persona, la familia, la nación, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos más en el corazón. De este modo, la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana (…) A todos os exhorto a recibirla fervorosamente» (Alocución, 29-X-1979).

Sustento de la fe. Escuela santidad

«Durante más de dos siglos de persecución, los fieles de Nagasaki conservaron las verdades de la fe. Es que, con la gracia de Dios, utilizaban los misterios del Rosario para meditar el Evangelio» (Palabras dichas por el Papa en japonés, Nagasaki, 26-II-1981).

El rezo y meditación de los misterios del Santo Rosario «os estimulan en el cumplimiento generoso de los bienes cotidianos, a la luz del Evangelio… Sois impulsados a cumplir siempre el divino querer, a amar al prójimo, a ayudarle en sus necesidades; sois estimulados a no lamentarse ante las dificultades que la vida pueda presentaros… Aprendéis a unir la plegaria al sacrificio… Llegáis a conocer que es imposible ser verdaderamente cristianos y tender a la perfección sin subir espiritualmente al Calvario junto con Jesús y con María… Progresaréis cada vez más en la virtud y seréis cada vez más fervorosos, sabiendo que estáis en la escuela de la santidad» (Discurso, 7-V-1981).

«Así, pues, cuando rezáis el rosario, meditando los misterios de la vida, de la muerte y de la resurrección de Cristo, uniéndoos de corazón a la presencia de María en cada uno de ellos, sed conscientes de que esto os compromete a vivir y obrar como discípulos fieles que participan de los mismos misterios y reciben sus frutos» (Homilía, Haiti 9-III-1983).

 

(I) PABLO VI, Exhortación Apostólica, 7-X-1969; (2) PABLO VI Enc. Christi Matri Rosari; (3) PABLO VI Alocución, 8-X-1969; (4) San Josemaría ESCRIVA DE BALAGUER, Santo Rosario, 24ª. Edición castellana, Rialp. Madrid 1981, p. 9.

SAN AGUSTÍN, RESUMEN DE SU PENSAMIENTO

SAN AGUSTÍNPENSAMIENTO TEOLÓGICO Y FILOSOFICO

En Gran Enciclopedia Rialp, voz «AGUSTIN, SAN»

Por Lope Cirelluelo

I. Vida y obras.
II. Pensamiento teológico.
III. Pensamiento filosófico.

I. VIDA Y OBRA.

1. Vida. Aurelio Agustín nació en Tagaste (Argelia), hoy Suk-Arrás (13 nov. 354). Su padre, Patricio, era pagano, aunque a la hora de la muerte se hizo bautizar. Su madre, S. Mónica, ejerció sobre el niño una influencia decisiva. Cursó estudios en Tagaste, Madaura y Cartago. A los 17 años se procuró una concubina, y de ella tuvo el año siguiente un hijo (Adeodato). La lectura del Hortensio, de Cicerón, despertó en él la vocación filosófica. Fue maniqueo puritano desde los 19 años hasta los 29. Decepcionado por los maniqueos, fue a Roma (383), abrió escuela de elocuencia y se entregó al escepticismo académico. Al año siguiente ganó la cátedra de Retórica de Milán. En esta ciudad acudió a escuchar los sermones de S. Ambrosio, el cual le hizo cambiar de opinión acerca de la Iglesia, de la fe, de la exégesis y de la imagen de Dios. Tuvo contactos con un círculo de neoplatónicos de la capital, uno de cuyos miembros le dio a leer las obras de Plotino y Porfirio, que determinaron su conversión intelectual. La conversión del corazón sobrevino poco después (septiembre 386), de un modo inopinado, haciéndose al mismo tiempo cristiano y monje, influido por un ideal de perfección.

Deseoso de ser útil a la Iglesia, volvió a África y comenzó a planear una reforma de la vida cristiana. Tres años más tarde (391) fue ordenado presbítero en Hipona, hoy Bona, para ayudar a su anciano obispo Valerio; éste en el 396, le consagró obispo, muriendo al año siguiente, Agustín le sucedió en la sede episcopal. Bajo su orientación, la Iglesia africana, derrotada, recobró la iniciativa. Agustín fue desarmando y desenmascarando a los maniqueos, donatistas, pelagianos, semipelagianos y arrianos. Los últimos años de su vida se vieron turbados por la guerra. Los vándalos sitiaron su ciudad y tres meses después (28 ag. 430, día en que se celebra su fiesta) murió en pleno uso de facultades y de su actividad literaria.

Era de constitución fuerte y sana, como lo demuestran sus actividades, trabajos, viajes y serena ancianidad. Sus enfermedades se debieron a excesos de fatiga, ascesis y apostolado. La ilusión de su vida fue la «verdad» para todos los hombres. Pendiente de su circunstancia, vivió luchando, aunque era de carácter manso y apacible. Convirtió su pequeña diócesis en corazón de la cristiandad. Sus restos mortales descansan en Pavía. El arte lo representa con traje de obispo o de monje, llevando en la mano un libro, un corazón o una iglesia.

2. Obras. Nos han llegado casi en su totalidad y en buen estado. Fueron enumeradas en las Retractationes del mismo Agustín y en el Indiculus de S. Posidio. Su distribución, por razón del tema, es algo convencional, ya que con frecuencia hay en cada libro muchos temas.

Personales. Soliloquios (386-387); Confesiones (397-398); Retractationes (426-427).
Primeros escritos. Contra los Académicos (386); Sobre la vida feliz (386); Sobre el Orden (386); Sobre la Música (387-390); Sobre la cantidad del alma (388); Sobre el Maestro (389).
Polémica con los maniqueos. Sobre las costumbres de la Iglesia católica y las de los maniqueos (387-389); Sobre el libre albedrío (388-395); Sobre las dos almas (392); Contra Fausto el maniqueo (398); Sobre la naturaleza del bien(399).
Apologéticas. Sobre la verdadera Religión (390-391); Sobre la necesidad de creer (392); Sobre la Ciudad de Dios (413-426).
Exegéticas. Sobre el Génesis, contra los maniqueos (388-389); Sobre el Génesis a la letra (sin terminar, 393); Sobre el Génesis a la letra, doce libros (401-405);Homilías sobre los Salmos (392-418); Sobre el Sermón de la Montaña (393-394); Proposiciones de la Epístola a los Romanos (394-395); Sobre la Epístola a los Gálatas (394-395); Incoación de la Epístola a los Romanos (395); Diferentes problemas, a Simpliciano (395); La concordancia de los evangelistas (400); Tratados sobre el Evangelio de S. Juan (414-418?); Sobre la I Epístola de S. Juan(418-?); Los modismos del Heptateuco (419-20); Problemas del Heptateuco (419-420).
Polémica con los donatistas. Contra la Carta de Parmeniano (400); Sobre el Bautismo (400-401); Contra las Cartas de Petiliano (401-405); A los donatistas, después de la Conferencia (413).
Dogmáticos. Sobre la fe y el Símbolo (393); Sobre la Trinidad (399-419); Sobre la fe y las obras (413); Enchiridion (423-424); Sobre las herejías (429).
Morales y ascéticas. Sobre la continencia (395); Sobre la mentira (395); Sobre el trabajo de los monjes (401); Sobre la santa virginidad (401); Sobre el bien del matrimonio (401); Sobre la adivinación de los demonios (406408); Sobre el bien de la viudez (414); Sobre los matrimonios ilegítimos (421); Contra la mentira(422); Sobre el respeto con los muertos (424-425).
De carácter vario. Epístolas (386-430); Sobre 83 problemas (388-395); Sobre el combate cristiano (396); Sobre la doctrina cristiana (396-427); Sobre la catequesis a los iletrados (399).
Polémica con los pelagianos. Sobre el mérito, la remisión de los pecados y el bautismo de los niños (412-413); Sobre el espíritu y la letra (411-412); Sobre la Naturaleza y la Gracia (413-415); Sobre la Gracia de Cristo y el pecado original(418); Sobre el matrimonio y la concupiscencia (419-421); Sobre el alma y su origen (421-?); Contra Juliano (423); Obra sin terminar contra Juliano (429-430).
Polémica con los semipelagianos. Sobre la gracia y el libre albedrío (426); Sobre la concupiscencia y la Gracia (426); Sobre la predestinación de los justos(429); Sobre el don de la perseverancia (429).

La mejor edición completa es todavía la de los Maurinos (1679 -1700), reproducida por Migne en PL, 32-47. El Corpus de Viena (CSEL) está sin terminar; lo mismo ocurre con el Corpus Christianorum (CC). En todas las lenguas cultas se están editando, traducidas o bilingües, estas obras, hoy de moda. En España va rematando ese noble empeño la Bibl. de Autores Cristianos (BAC).

3. Valoración y juicio crítico. Agustín es un hombre antiguo, no medieval, ni moderno, si bien es siempre actual. Su vocación o misión consistió en recoger, coordinar, asimilar y transmitir dos culturas, la grecorromana y la judeocristiana. Lo realizó tan perfectamente, que se constituyó en genio de Europa. Existe una tendencia a considerar todos los movimientos europeos como «agustinismo» (Przywara). Marcó una nueva ruta al pensamiento. Su influjo en la espiritualidad cristiana ha sido notable. Católicos y protestantes están de acuerdo en proclamarle el más grande de los Padres. Junto a la Gracia de Dios, a la que fue fiel hasta la santidad, su éxito se debe ante todo a su dotación personal: inteligencia poderosa para la síntesis y el análisis, voluntad ardiente e indomable, sensibilidad tierna y viril, vitalidad exuberante, imaginación creadora, iniciativa inagotable, estilo encantador, sentido del humor y del ridículo. Se debe también a la variedad y profundidad de sus experiencias: fue católico, maniqueo, escéptico, neoplatónico, otra vez católico; filósofo y teólogo, siempre en actitud integral. Leyó a los platónicos con ojos cristianos y a los cristianos con ojos platónicos; a todos los asimiló e interpretó a su propio modo. Fue el primer filósofo que renunció al cosmologismo u objetivismo helénico exclusivista, para implantar un subjetivismo cristiano irreducible, proclamando la supremacía del espíritu humano frente a la Naturaleza; pero fue el primer cristiano que presentó la «imagen de Dios» como una cabeza de puente de Dios, en la que todos los hombres coinciden; fue el primer filósofo que adaptó una teología racional a los tres problemas radicales de la existencia: la verdad, el ser y el bien; y casi el primer teólogo que confió en una filosofía crítica, frente a los dogmatismos y fideísmos ilusorios, considerando el entendimiento como revelación natural.

Hombre de una sola pieza, unificó su vida, sus obras y sus intenciones en un sistema vivo y dialéctico, a veces implícito. Teoría y práctica son en él dos formas de una sola postura, si bien es exagerado decir que sus teorías son generalizaciones de sus experiencias. Cada tesis tiene valor desde su fundamento, pero el fundamento florece en cada tesis. Aunque no escribió obras sistemáticas es más sistemático en el fondo que los pensadores medievales, más sincretistas. Es antropocentrista, no teocentrista.

Su obra podría definirse como antropología teológica y, en ese sentido, podría hablarse de humanismo cristiano. La condición humana es punto de partida, incluso para demostrar la existencia de Dios. El sistema entero evoluciona a medida que lo hace el concepto del ser humano. En las dos dimensiones elementales del hombre, la memoria sui y la memoria Dei, que presentan al hombre como equilibrio inestable entre lo individual y lo social, descansa toda la ideología agustiniana. Por la primera, el hombre es despegado de la Naturaleza y constituido en espíritu libre; por la segunda, es portador de la «imagen» divina, centella oculta en toda alma humana. El hombre fue para Agustín «tierra de sudor y de fatiga», causa de indecibles asombros.

La posteridad ha venerado siempre a este genio. La teología de Occidente lo reconoce como su «fundador», en contraste con la teología «oriental». Algunos científicos le consideran «Padre de la evolución», por haber ideado un «Universo» estado-dinámico, en creación perpetua y progresiva. Los historiadores le presentan como reanimador de una humanidad agotada. Los psicólogos ven en él al maestro de la introspección y de la fenomenología sistemática. Los sociólogos le saludan como descubridor del «Eón-Sociedad» y como organizador de una grandiosa Teología de la Historia. Los moralistas le consideran como legislador supremo de Occidente. Los escritores admiran al genio de estilo cálido, preciosista y rotundo, y de frase buida, pendular y contrastada. Los místicos ven en él al revelador de la centellica mística. Se le puede considerar inspirador de todas las tendencias polémicas. Su autoridad es tan fuerte, que llega a constituir un peligro. Su máxima influencia se ha ejercido en el campo de la Antropología teológica, después, en los terrenos del dogma, Iglesia y Biblia. En la actualidad, lejos de disminuir ese prestigio, se va constituyendo una «agustinología» como ciencia. Portalié anota estos tres rasgos fundamentales: es un pensador evolutivo, teológico y católico, en oposición, p. ej., a S. Tomás de Aquino, Hegel y Lutero.

II. PENSAMIENTO TEOLÓGICO.

1. Relaciones entre la fe y la razón. Inicialmente se presentan en forma paradójica. La fe es via universalis salutis en oposición a la via paucorum de los filósofos; pero al mismo tiempo tiene que ser racional, en oposición a la «viciosa credulidad»; es un camino necesario, pero externo, castigo del pecado original, yugo del alma. Y como de ese concepto de fe dependen los de autoridad, tradición, Biblia e Iglesia, la paradoja se extiende a toda la teología. La tradición, la autoridad, la Iglesia y la Biblia sólo nos disponen exteriormente para que interiormente nos ilumine el Verbo, Maestro interior; son mediaciones populares, ya que los «sabios» se unen directamente con Dios. Pero al mismo tiempo, es imposible entender sin empezar por creer, y todo acto de fe es también acto de obediencia a la Iglesia (cfr. De Utilitate credendi, 10, 24; PL, 42-81 ss). La paradoja comienza a ser superada en el 389, al aceptar Agustín el pecado original como hecho histórico radical (De Gen. contra Manich. 11, 15, 22: PL, 34, 207 ss. ). Empieza a renunciar a la mística y a remitirse a la escatología. La sabiduría de este mundo resulta precaria; en cambio, la fe se constituye en régimen permanente del hombre caído. La mística de Dios queda condicionada por la mística de Cristo, que es el único camino (Confess., VII, 18, 24: PL, 32, 745). Aunque Agustín no fue un místico experimental, ha inspirado siempre a los místicos, tanto por su Libro XII, De Gen. ad Litteram (PL, 34, 454-486), erróneamente interpretado como «el primer tratado de mística sistemática», como por su teoría del conocimiento, erróneamente considerada como intuicionismo.

La fe cristiana ha de ser divina, y para eso tiene que apoyarse en el milagro. Cristo conquistó la «autoridad» divina con sus milagros, ofreciendo a la fe un camino racional (De Vera Relig., 3, 3: PL, 34, 124). El creyente tiene que apoyarse en lo que ve, para aceptar lo que no ve. Los Apóstoles veían a Cristo, y en Él se apoyaban para creer en la Iglesia; nosotros nos apoyamos en la Iglesia para creer en Cristo. De ese modo, la mediación de Cristo reclama una nueva mediación de la Iglesia. Agustín insiste tanto en la «maternidad» de la Iglesia, que algunos críticos (K. Adam) han querido descubrir en ella una sublimación de Mónica, o quizá un disimulado complejo de Edipo. La Iglesia ejerce todas las funciones de madre, a saber: amamanta, limpia y educa (Iglesia-Camino); es la Maestra de la verdad (lglesia-Maestra); concibe, gesta y da a luz (Iglesia-Vida). De ese modo, la incorporación a la Iglesia va ligada a la recepción del Bautismo (In Io., IV, 12: PL, 35, 1411 ss.). La Biblia tiene en la obra de Agustín autoridad suprema. La estudia y comenta. Hizo publicar la lista de Libros canónicos, formuló las bases del tratado De Inspiratione, abrió nuevos caminos a la exégesis y a los estudios accesorios, y sobre todo captó con especial hondura el espíritu de la Biblia (teorías de la creación y de la gracia, etc).

2. Doctrina sobre Dios. Dios es un ser creador libre y personal, un Yahwéh, no un Baal. Así se elimina todo residuo gnóstico, panteísta o determinista. La existencia de Dios es aceptada por la fe, pero puede y debe ser «demostrada» por la razón: gracias a los primeros principios y nociones, impresos por Dios en esa razón; ella es imagen de Dios. De ese modo, descubrir a Dios dentro de sí es «recordarle». Utiliza Agustín algunas fórmulas de la teología negativa, tomadas del platonismo, pero personalmente confía plenamente en la razón, puesto que la considera como revelación natural y como espejo de Dios.

La identificación de Dios con el Bien Supremo le ayuda a definir los atributos divinos, especialmente la simplicidad, y las relaciones de Dios con el tiempo y el espacio (Creación, Encarnación, etc.). Todas las palabras e ideas son antropomorfismos, pero bajo ellas late la verdad: el peligro no reside en los antropomorfismos evidentes, sino en los sutiles (Ad Simplicianum, II, q. II, 1-5; PL, 40, 138-142). En el orden expositivo antepone la Unidad a la Trinidad a diferencia del orden seguido por la teología oriental: así, el lenguaje absoluto se antepone al relativo: Dios es una Naturaleza en tres Personas, la Divinidad. Marca así muy fuertemente el monoteísmo y la profunda y absoluta igualdad entre las tres divinas personas, cortando todo peligro de triteísmo. El símbolo Quicumque,que en su terminología depende de ambientes agustinianos, resume la fe de manera clara: a) primero se habla de la Naturaleza y después de las Personas; b) las operaciones ad extra son atribuidas a las tres Personas conjuntamente; c) las procesiones se explican por analogía con el espíritu humano. Cuando se trata del «Mundo» o «Creación», y dentro de las atribuciones, corresponde al Padre el decreto imperial y libre, al Hijo la causa ejemplar y ejecutiva (Virtus et Sapientia) y al Espíritu Santo el orden, cosmos, ley o amor.

3. Doctrina sobre el mundo. El «Universo» es creación libre, ex nihilo sui et subiecti: no tiene otra razón de ser que la libertad creadora. Se suprimen de raíz el emanatismo, el dualismo y la materia eterna. Dios creó in ictu (creavit omnia simul, Eccli., 18, l). Produjo una materia nebulosa, elementos confusos e informes, con las correspondientes leyes y formas, dentro de un orden en movimiento. Creó las cosas a Su semejanza y al hombre a Su imagen y semejanza. Cada objeto lo refleja, pero el hombre participa además de la eternidad. Cada ser es, pues, un proceso entre la unidad fontanal y la unidad ideal, una dialéctrica trinitaria. Cada objeto o ente posee ser, esencia y orden (ad intra y ad extra) para alcanzar su perfección o unidad ideal, en virtud del númeroimpreso por Dios en el mismo ente (De div. Quaest., 83, q. 18: PL, 40, 15; Ep.,11, 3 y 4: PL, 33, 76). La voluntad creadora no retira a los entes el estatuto ontológico que les dio con el número impreso. Por consiguiente, podemos hablar de naturaleza, orden natural, causas segundas, etc.

Esa afirmación de la consistencia y realidad de los seres, de la verdadera y real actividad de las causas segundas, se une en Agustín a una honda percepción de su dependencia de Dios. La visión griega de un cosmos que subsiste en sí mismo es inconcebible para Agustín si cesara la voluntad creadora, los entes recaerían en su nada con todos sus fueros y autonomías. Agustín se inscribió totalmente en el espíritu de la Biblia: Gracia-Creación. Una vez aceptado ese «Universo» temporal e histórico de la Biblia, se rompen los moldes de la rígida sustancia helénica. La creación pasiva recibe sentido desde la Creación activa: el soplo creador empuja al «Universo», desde su quicio o gozne eterno, hacia la perfección de las ideas divinas. El decreto creador es como una Memoria Infinita, que se imprime y copia en los entes (numerus et sapientia), de modo que la memoria «cósmica» o «humana» es imagen de la Memoria divina (el Padre) a la que se ordena. Mientras parece que todo es evolución y actualismo, hay siempre un «desde atrás» y un «desde abajo» y hay siempre una meta de referencia. Tal es el sentido del cosmos y de la vida.

Esta concepción estado-dinámica del «Universo» ha llevado a hablar de S. Agustíncomo anticipador de las teorías sobre la evolución. Pero se debe matizar. Agustínno es transformista: sus razones seminales, o semillas divinas, son diferentes de las helénicas, pero sólo explican la aparición de los prototipos. Cuando se hacen afirmaciones como la citada, se quiere indicar que en su espíritu y en su sistema filosófico cabe la ciencia moderna con su transformismo. Los seres se desenvuelven por un número impreso, por una energía interior, y no sólo por oportunidades y circunstancias externas. Algunos teólogos medievales suponen que la existencia temporal del mundo sólo puede demostrarse por la fe. Para Agustín, el tiempo y el espacio son dimensiones del mundo mismo: no hay lugar fuera del mundo o tiempo antes o después del mundo: un «mundo eterno» sería un contrasentido, un mundo a se y per se. Si Dios hubiese creado desde la eternidad, el mundo sería igualmente temporal, no eterno. La Creación es gratuita: la Naturaleza es también Gracia.

Al aparecer Pelagio, con sus desviaciones naturalistas y su negación de la dependencia radical de la criatura humana con respecto a la gratuita liberalidad de Dios, Agustín precisa su pensamiento y distingue una gratia creationis y una gratia redemptionis. La llamada Naturaleza es una gratia creationis, un engranaje de causas físicas o naturales (ordo naturae), en las que están previstas ciertas intervenciones extraordinarias o directas de Dios (milagros). Éstas no van comprendidas en el ordo naturae, pero tampoco son potentia temeraria, ya que la criatura está siempre a merced del Creador gracias a su potencia obediencial. Hay acontecimientos que «se realizarán», ya que se han incorporado al sistema de causas en su razón seminal; pero hay otros, cuya realización depende de la intervención directa de Dios: «pueden realizarse». De modo especialísimo es don, gracia, la llamada por la que Dios atrae a ángeles y hombres hacia la visión de Él mismo, en la que está la suprema bienaventuranza; así como la ayuda ad singulos actus, para todos y cada uno de nuestros actos, con la que, después de la caída de Adán, son restauradas y elevadas las fuerzas de nuestra naturaleza.

4. Doctrina sobre el hombre. Una vez cometido el pecado original histórico, la humanidad se desdobla en dos unidades y en dos posturas muy diferentes: el pecado y la gracia; el infierno y el cielo. El «Paraíso» es el estado ideal del hombre, tal como Dios lo planeó y realizó: se caracteriza primero por su unidad perfecta (naturaleza-gracia; gracia-libertad); luego por la «sabiduría»: Adán conoce a Dios, es «sabio»; finalmente, por el orden interno y externo perfectos. A esos caracteres fundamentales se añaden los privilegios preternaturales (inmortalidad, impasibilidad, libertad, ciencia, poder) difíciles de concordar con las limitaciones propias de toda criatura. Agustín, frente a los maniqueos, muestra que Dios no creó «el mal». ¿Cómo se entiende psicológicamente el primer pecado dada esa perfección de los primeros padres? Para explicarlo de algún modo afirma que Eva fue seducida por la serpiente (1 Tim., 2, 14), pero ve que también Adán fue seducido (Rom., 5, 14). Quizá creyó Adán que Dios le perdonaría fácilmente; pero su pecado fue total y sin atenuantes. Fue un pecado satánico: Adán se desprendió de Dios, se des-unió y realizó su pronunciamiento en el campo de la «ciencia». Cortó el acueducto por el que recibía el agua de la sabiduría para mostrar que su pozo era propio. Y puesto que Adán era el «Patriarca» (en Rom.,5, 12, Agustín lee con la Vulgata: In qua omnes peccaverunt), quedó roto el pacto original (alianza original) (De Gen. contra Manich., 11, 20, 30: PL, 34, 211 ss. ).

La situación histórica del hombre, consecutiva al pecado, se llama «miseria». El hombre «caído» perdió: la unidad-ciencia-orden originales y así perdió la justicia y la moralidad originales. Entró en vigor el engranaje de las múltiples y diversas debilidades naturales: división, ignorancia, concupiscencia, mortalidad, posibilidad, etc. Tales debilidades cobran carácter penal, puesto que ahora son privaciones. Perdida la unidad original, se perdió también la visión de Dios (valores supremos) directa e inmediata (mística) y con eso se perdió la libertad u ordenación del amor, ya que la concupiscencia es una inclinación al mal. No se perdió, en cambio, el libre albedrío, si bien quedó amenazado por la situación. Las consecuencias fueron muchas. En primer lugar, se hizo imposible la comunicación directa con Dios, que será luego reestablecida por las mediaciones: Cristo, Iglesia, Sacramentos, jerarquías, mundo (como espejos y enigmas, analogías). En segundo lugar, el hombre se ve forzado a levantarse en este terreno en el que cayó, lo sensible, la carne, etc. (De Gen. contra Manich., ib.). Pero el estado de «miseria» quedó desde el primer momento orientado hacia un nuevo «orden», que es la gracia de la redención o restauración, cuyo proceso ha de desarrollarse en sentido inverso a la «caída». Agustín afirma, como Pablo, varios periodos en la historia de la salvación.

El primer periodo es la «alianza natural», ya que el hombre, a pesar del pecado conservó «las reliquias de la imagen de Dios» en su «miseria». La imagen quedó sólo deteriorada y oscurecida: de ese modo la ley natural es suficiente para salvar al hombre, contando con la gracia de Dios. Es la hipótesis de la conditio naturae(natura puravitiata, pero no vitium (De Spit. et Litt., 26, 43 ss. : PL, 44, 226 ss.). De ese modo, la «Ciudad de Dios», constituida por el Corpus de todos los predestinados, comenzó con el justo Abel (De Civ. Dei, XV, 17 ss. PL, 41, 460 ss.).

El segundo periodo es la Ley, que implica tres cuestiones esenciales. Dios eligió, para salvar al mundo, un pueblo que era pequeño, malo y obstinado. Esta predestinación social implica una predestinación individual, como es obvio: no es lo mismo nacer en Jerusalén que nacer en Babilonia. Se trata, sin duda, de un misterio: del misterio de la predestinación divina que es gratuita y graciosa; realidad que no alcanzamos a comprender, pero que no debemos negar, sino aceptarla confiando en la misericordia divina. Es por eso una frivolidad acusar a Agustín de «exagerado», cuando nadie, después de S. Pablo, ha interpretado mejor el espíritu de la Biblia (De Div. Quaest, ad Simplic., 1, q. I y II: PL, 40, 103-128). El segundo tema se refiere a la esencia de la ley mosaica; es iluminación moral; instruye, pero sólo da fuerza moral; el hombre iluminado por la ley, pero arrastrado por la concupiscencia, vive un drama tremendo, como lo expresó Pablo. Tiene, sin embargo, una finalidad santa: pedir a Dios la gracia para sacudir el yugo ominoso. La tercera cuestión se refiere a la fe; también en el A. T. se salvaba el hombre por la fe en el Redentor futuro, como el cristiano se salva creyendo en el Redentor pasado. La soteriología va ligada esencialmente a Cristo.

El tercer periodo se inaugura con Cristo, Redentor, Camino-Verdad-Vida. El tema esencial es la Gracia, que unifica, ilumina, supera la concupiscencia y de este modo reestablece la libertad en el corazón. Así se recupera la «imagen sobrenatural» y por ella se restaura la imagen natural oscurecida y deteriorada. Sin embargo, ya no hay posibilidad de volver al «Paraíso», al estado ideal; por eso no se recobran ciertos privilegios, y la vida del cristiano es drama, lucha, libertad generosa, sacrificio humano, gloria del mundo.

5. Las mediaciones. Si la natura lapsa no puede unirse directamente con Dios, es sanada por las mediaciones, y precisamente en el mismo terreno en que el hombre cayó, esto es, en lo sensible, en lo «carnal». Éste es el concepto de sacramento, en un sentido amplio, influido por el platonismo, todo lo sensible puede convertirse en imagen o símbolo, visum, nutus, animadversio, etcétera, con referencia a una realidad invisible, que en el N. T. es siempre la gracia divina. Así tenemos un elemento sensible, un elemento invisible y una relación entre ambos, de modo que el sensible sea fuente o vehículo del invisible. De este modo el Universo se convierte en un sacramento desde un punto de vista filosófico y universal. Pero están además los Sacramentos en sentido técnico, es decir, un rito instituido por Cristo, como fuente de la Gracia. Tales Sacramentos se integran en la realidad del Cuerpo Místico y su dialéctica y de esta integración recibe sentido el rito, el ministro, el sujeto, etc. La doctrina adquiere singular importancia en nuestros días, ya que se busca por todos los medios la integración agustiniana; el mundo no nos separa de Dios, sino que nos une a Dios. La profesión, el sexo, la salud, etc., no nos separan de Dios, sino que nos unen a Él (cfr. III, 2: «Doctrina filosófica sobre el hombre»).

La mediación de Cristo. La Epístola de S. León el Grande a Flaviano recoge las fórmulas agustinianas del tratado De Trinitate. Cristo es Dios y es hombre entero, exento de pecado, libre; la Persona única cubre dos naturalezas diferentes, perfectas, incontaminadas, dentro de la unión hipostática. La «comunicación de propiedades» de ambas (communicatio idiomatum) queda ya formulada en Agustíncon un lenguaje preciso.

A esa Cristología fundamental corresponde la función soteriológica de Cristo. Los críticos han renunciado ya a la decantada «mitología redentora» que se atribuía a Agustín, como si se tratase de pagar un rescate al demonio, el cual había logrado en buena lid esclavizar al hombre. Se acepta que Agustín enseñó la doctrina de una redención expiatoria (sacrificio) y mediadora (comunicación, participación), cuyo acto central es la muerte de Cruz. La Redención se extiende ya a todos, aunque no a todos alcance su eficacia. Cristo es el Camino-Verdad-Vida y dentro de estas categorías caben todos sus atributos. En cuanto Vida, inicia una mística de Cristo que reclama la necesidad de que los hombres se incorporen a un Corpus Mysticum. La Gracia se constituye entonces en una corriente de savia o de sangre, en un vehículo de la vida sobrenatural, y esto agudiza el problema de la predestinación, ya formulado en el A. T. Dios no predestina al mal o al infierno, y para todos quiere el bien, pero sólo los predestinados se incorporan a la Iglesia útilmente y logran la salvación.

Así se profundiza en la teología del hombre; el pecado no es sólo un acto, sino también un hábito; como resultado del acto se produce una situación; por otra parte, el pecado es un «principio», energía que inclina al mal. La Gracia ha de ser acto y hábito, principio y situación, para oponerse eficazmente al pecado. Así se constituye el drama religioso del hombre; ambos principios (pecado y Gracia) tratan de dirigir el eros fundamental del hombre. Si en el pecado pasábamos de la división a la ignorancia y a la concupiscencia, en la Gracia (sentido inverso) hemos de pasar, de la caridad (superación de la concupiscencia) a la sabiduría (superación de la ignorancia) y a la unidad (superación de la descomposición). La Gracia es sanante, iluminante y unificante. Libertad, delectación sapiencial y filiación son los tres momentos de la dialéctica de la Gracia. Esta modifica no sólo las diversas potencias, sino también la sustancia del alma, y en ella la memoria. Ambos principios (pecado y Gracia) son estado-dinámicos,

La lucha contra los maniqueos llevó a Agustín a profundizar en que Cristo no era sólo el Maestro interior, sino que era también el Salvador: merced a eso, pudo formular su teoría fundamental de Cristo Camino-Verdad-Vida.

Mariología o mediación de María. La Mariología es consecuencia de la Cristología: hay una contraposición dialéctica a Eva-Adán. No se trata sólo de la Madre de Dios, sino también de la colaboradora en la Reparación. Pero no hay aún conclusiones seguras en la Mariología agustiniana. Se admiran la perpetua virginidad, la exención de pecado, el lugar intermedio entre Cristo y los pecadores. Pero son necesarios nuevos estudios. Agustín inició la reflexión razonada sobre la Inmaculada Concepción, aun suponiendo que no haya defendido personalmente tal doctrina.

Mediación de la Iglesia. Agustín pasó de una mística de Cristo a una mística de la Iglesia. El Pueblo de Dios es objeto de Gracia y vehículo de la misma, Ecclesia omnium Gentium (In Ps., 47, 2: PL, 36, 533), Verus Israel. Es un Corpus permixtum, trigo y cizaña, grano y paja. Es santa, pero no desprecia a los pecadores, sino que aspira a sanarlos. Por la inserción en esta Iglesia se verifica la filiación divina (Expos. ad Rom., 52-56: PL, 34, 20742077; Ep. v. 140, 4, 10; PL, 33, 542). Esa filiación no es natural, sino adoptiva. No es adopción meramente jurídica, sino mística, real. El creyente se incorpora a la Iglesia por medio de la fe, pero es dado a luz a la vida de la misma mediante el Bautismo (Ep. 243, 8: PL, 33, 1057). Es ella la que engendra, aunque sea en el campo de los herejes y cismáticos, ex viri sui semine (C. Faust., XXII, 54: PL, 42, 434 ss.). Por ser fuente y vehículo de la Gracia, suple todas las deficiencias humanas. De este modo, la Iglesia se convierte a su vez en Camino-Verdad-Vida, aunque subordinada a su Cabeza que es Cristo, de quien recibe ese derecho de mediación delegada. No se olvide, además, que quoad nos la Iglesia es la mediación hacia el mismo Cristo. Por eso, metodológicamente, ve la Eclesiología antes de la Cristología, aunque genéticamente el orden sea inverso. Las tres funciones de la Iglesia fueron estudiadas por Agustín frente a enemigos diferentes, y por eso es necesario un reajuste en su sistema. El problema de la Iglesia-Vida, que fue el último y decisivo, se perfiló frente a los donatistas y se perfeccionó frente a los pelagianos; podemos, pues, definir con exactitud en cada momento la postura de Agustín, a quien ahora designaríamos como hombre consagrado al servicio de la Iglesia.

Agustín vio el concilio plenario como orbis terrarum, concreción práctica de la Iglesia, que sentencia sin apelación. Hay ya un medio práctico para que la Iglesia aplique su infalibilidad. Reconoció y admitió la infalibilidad de la iglesia romana (infalibilidad pontificia); la fórmula de Agustín ha servido siempre para referirse a esa infalibilidad. Por otra parte vio también Agustín en los concilios regionales el órgano de la incesante reforma necesaria en la Iglesia.

Mediación sacramental. No hay en las obras de Agustín una enumeración de los sacramentos, sino referencias a cada uno de ellos (excepto de la Unción de enfermos, de la que no trata) cuando la ocasión lo requería. Se detuvo en el estudio del Bautismo, frente a los donatistas, y de ese estudio podemos deducir la doctrina general, y concretamente las teorías del ex opere operato y del character.

El Bautismo recibido de un hereje es válido; quizá no surte sus efectos invisibles, cuando la mala disposición del sujeto pone un óbice, pero se produce la reviviscencia, en cuanto desaparece el obstáculo. Cuando habla de la Eucaristía, atiende siempre a dos presencias reales: la del Cristo personal y la del Cristo Místico. Al referirse a la Penitencia, se pronuncia contra los rigoristas y novacianos, aseverando que la Iglesia tiene poder para perdonar todos los pecados, ya por el Bautismo, ya por la penitencia privada, ya por la pública. La teología del matrimonio debe a Agustín un enorme progreso por la reglamentación de sus tres bienes y por constituirse en símbolo de la unión de Cristo con su iglesia. Defiende su indisolubilidad y muestra que el matrimonio como una perpetua virginidad son ideales cristianos. Algunos críticos se lamentan de que Agustín haya acentuado con exceso el simbolismo y, en cambio, haya tratado muy poco los aspectos reales.

Mediación cósmica. Agustín se adentró en un sistema expositivo temporal e histórico, aunque surcado por una nostalgia y añoranza del ser: Est quaero. Si supera la inmutabilidad helenista para sumergirse en un mundo evolutivo y progresivo, hecho de contrastes, luchas y tensiones, pone de relieve que se aspira a alcanzar un futuro escatológico, en un mundo anhelante de trascendencia, ansioso de paz, reposo, sábado, día séptimo que se hace esperar. Los místicos posteriores no se han engañado en el fondo, al percibir en las obras de Agustín un estremecimiento trascendental, tanto desde el lado objetivo como desde el subjetivo. Agustín busca en los entes las huellas de la eternidad; son los «números» que pueden llamarse razones o relaciones objetivas. Desde el lado subjetivo, la sabiduría humana desvela los valores, el ser, la realidad, la verdad, el bien, la belleza, la legalidad, etc. De ese modo, el entusiasmo tiende a desbordarse en arrebatos: «Te amo, Señor, con toda certidumbre. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. ¿Pero qué amo cuando amo a mi Dios?… A pesar de todo, amo una cierta luz, voz, perfume, comida, abrazo del hombre interior. Pregunté al Cielo, a la Tierra y al Mar: decidme algo de Él. Y me gritaron: Él nos ha hecho» (Confess., X, 6, 8-1 l: PL, 32, 782 ss.). Hoy nos vuelve a interesar la mística de Agustín. La sociedad o la soledad, el matrimonio o el celibato, la profesión o el compromiso temporal, pueden ser para nosotros signo sagrado,

6. La Escatología. Agustín acabó con los residuos origenistas y milenaristas. Sus análisis de la muerte han servido de pauta a los existencialistas actuales, desde Kierkegaard a la fecha. Los «condenados» comienzan con la muerte a sufrir su condena. En cuanto a los justos, Agustín no habla con suficiente claridad. Parece que gozan de la visión beatífica, especialmente los mártires, pero esa visión beatífica parece en cierto modo imperfecta, mientras no se llegue al fin de la Historia. El juicio Final y la Resurrección de la carne tienen para él un valor desconcertante. Agustín comenzó afirmando la existencia del Purgatorio y posteriormente pareció vacilar, si bien el tema debe ser estudiado más. Sus juicios sobre el Infierno han guiado a la teología posterior. Se preocupó siempre por el «cuerpo espiritual» resucitado; aunque los ojos corporales no pueden ver a Dios, quizá esos ojos espiritualizados verán los nuevos cielos y la nueva tierra.

BIBLIOGRAFÍA. : Diccionarios: Enciclopedia Cattotica, I, Roma 1948, 519-568; LTK, I, 1094-1101; DTC, I, 2268-2472; DHGE, V, 442-473; Staatslexikon, I, Friburgo 1957, 680-694; Enciclopedia filosófica, ed. GALLARATE, 1, 2 ed. Florencia 1968; Bibl. Sanct., 1, 428-596.

Repertorios bibliográficos: E. NFBREDA, Bibliografía Augustiniana, Roma 1928; V. CAPÁNAGA, Obras de S. Agustín, ed. BAC, 1, 227-327; T. BAVEL, Répertoire Bibliographique de S. Augustin, Lovaina 1963; C. ANDRESEN, Bibliographia augustiniana, Colonia 1962; L. HAIN, Repertorio Bibliográfico, «Augustinus» I-l, 244264; Bibliographia Patristica, Berlín 1950-64; R. LORENZ, Augustinus literatur seit dem Augustinusiubiläum (1954), «Theologie Rundschau» 25 (1959) 1-75.

Revistas: «Rev. des Études Augustiniennes», París (contiene boletines bibliográficos); «Augustiniana», Lovaina (también publica boletines bibliográficos); «Augustinianum», Roma; «Augustinus», Madrid; «Rev. Agustiniana de Espiritualidad», Calahorra; «Estudio Agustiniano», Valladolid (antes «Archivo Teológico Agustiniano»).

Misceláneas: Miscellanea Agostiniana, 2 vol., Roma 1931; Augustinus Magister, 3 vol., París 1954; S. Augustinus, vitae Spiritualis Magister, 2 vol., Roma 1959;Aurelius Augustinus, Colonia 1930; A Monument to S. Augustine, Londres 1930; Religión y Cultura, El Escorial 1930.

Síntesis generales: E. PRZYWARA, Augustinus. Die Gestalt als Gefüge, Leipzig 1934; F. MORIONES. Enchiridion Theologicum Scti. Augustini, Madrid 1961; E LA MIRANDE, Un siècle et demi d’êtudes sur l’ecclésiologie de St. Augustin, «Rev. des Études Augustiniennes» 8 (1962) 1-124; A. MANRIQTJE, La vida monástica en S. Agustín, El Escorial 1959; U. VON BALTHASAR, Augustinus. Das Antlitz der Kirche,Einsiedeln 1955; S. I. GRABOWSKY, La Iglesia. Introducción a la Teología de S. Agustín, Madrid 1965; M. PELLEGRINO, S. Agostino. La Vergine Maria, Alba 1954; F. MAYR, Divus Augustinus vitae Spiritualis Magister, Barcelona, 1895; I. PERRODÓN, Pages Dogmatiques de S. Augustin, Orleans 1935; L. VILLETS, Foi et Sacrement (dans S. Augustin), 1, París 1959; V. CAPÁNAGA, San Agustín, Madrid 1954; L. BERTRAND, San Agustín, Madrid 1961.

III. PENSAMIENTO FILOSÓFICO.

1. Introducción. El nombre de Agustín va unido a la discusión actual sobre la filosofía cristiana. Emilio Bréhier (1928) negó su existencia y su posibilidad. Le rebatió Gilson (1931), estableciendo dos diferencias esenciales: distinción entre el orden natural y el sobrenatural, y aceptación de la Revelación como auxiliar de la razón. A la réplica de Bréhier contestó nuevamente M. Blondel, precisando que se trata de un «espíritu» más bien que de «tesis objetivas». A esta postura se unieron muchos cristianos, tanto protestantes (Roger Mehler, 1947) como católicos (C. Tresmontant, 1953-55), mientras otros cristianos se adhirieron a Bréhier. Algunos radicalizaron más el problema, liberándose del exclusivismo griego (Grecia e Israel son dos modos igualmente legítimos de enfrentarse con la existencia) y del filosófico (la Filosofía tiene que dialogar con la Ciencia y con la Religión, o, de otro modo, es una evasión y queda descalificada).

En Agustín hallamos tres posibles fórmulas o tipos de filosofía cristiana: a) la fórmula intellige ut credas anuncia una praeparatio evangélica, una propedéutica de la religión; b) la fórmula vera philosophia est vera religio opone una filosofía apoyada en la religión a una filosofía apoyada en el mito, como, p. ej., la griega o la india; c) finalmente, la fórmula crede ut intelligas anuncia la armonía entre la naturaleza y la Gracia, la razón y la Revelación. En este último sentido interpreta a Agustín la mayor y mejor parte de los críticos modernos. Agustín aceptó absolutamente la filosofía griega y confió en ella, incluso con visible exageración al principio; se presentaba a sí mismo como un Platón cristiano y podía repetir la fórmula de Cristo referente a la Ley: non veni solvere, sed adimplere (Mt., 5, 17). Más tarde se enfrió su entusiasmo platónico, pero siempre quedó la Filosofía como parte esencial de Agustín, base de toda especulación teológica.

Si puede verse en la Filosofía el arte racional de dudar, Agustín fue escéptico durante su permanencia en Roma. El sentido de su platonismo es la superación del escepticismo por la evidencia de un Valor Absoluto. Los platónicos ofrecieron a Agustín: a) el concepto de luz inteligible; b) el concepto de trascendencia; c) el concepto de ser eterno; d) el dualismo moral y religioso, pero no metafísico; e) el optimismo antropológico; f) el método mayéutico; g) diferentes tesis concretas de ontología, noética, ética y estética. Pero Agustín leyó a los platónicos con ojos cristianos. Erróneamente les atribuyó: a) la Creación, formación y ordenación que enseña el cristianismo; b) el Dios Uno y Trino, personal, libre y creador; c) la ascensión del mundo inteligible al Dios personal; d) un telos místico racionalista o aspiración a ver a Dios en este mundo; e) un concepto posible de sobrenaturaleza.

Desde el principio discrepó Agustín de los platónicos en algunos puntos: a) hay un camino universal de salvación (fe-religión) y no sólo una via paucorumaristocrática (filosofía); b) la fe (qua creditur y quae creditur) es un absoluto, mientras que la filosofía es siempre un relativo; c) no hay preexistencia de las almas en el sentido filosófico; d) el pecado original no es filosófico, sino histórico; e) la mística racionalista de Dios es pura ilusión; la unión con Dios exige «mediaciones»; f) la posible sobrenaturaleza coincide con la Gracia de la Redención. Aunque la filosofía de Agustín es compleja y profunda, muchos críticos la consideran como síntesis de platonismo y profetismo, idealismo y realismo, objetivismo y subjetivismo, contenido y función del alma (Hessen).

Quien pretenda entender a Agustín debe partir de un subjetivismo fundamental y no de un objetivismo, ya que el «arte de dudar» implica un afán de superar la duda. Así, la filosofía de Agustín es una superación del escepticismo, una Antropología fundamental, que quiere ser una Soteriología (cfr. II, 4: «Doctrina sobre el hombre»). La fórmula inicial «Dios y el alma» (Solil., I, 2, 7: PL, 32, 82) presenta las dos dimensiones esenciales del hombre: inmanencia psicológica y transcendencia metafísica. La filosofía griega queda superada, pues no nos apoyamos ya en el cosmos, sino en el hombre. La filosofía griega es naturalista, determinista, racionalista, esencialista (los pensadores medievales pudieron esquivar las consecuencias, gracias a su gran fe y santidad). Agustín inicia una filosofía espiritual, personal, histórica y existencial; es filosofía crítica, no ingenua. No predomina la Cosmología, sino la Antropología; vuelta hacia el interior, no extrovertida.

2. Doctrina filosófica sobre el hombre. «Homo est substantia rationalis, constans ex anima et corpore» (Serm. 150, 4, 5: PL, 38, 810; De Trinit., VII, 4, 7: PL, 42, 939). Dos principios o elementos, uno material y otro inmaterial, constituyen el, ser del hombre, y en eso coinciden Platón y la Biblia. Agustín quiere demostrar la inmaterialidad del alma, y lo hace apoyándose en un doble fundamento: el psicológico-intuitivo y el noético-demostratívo. El alma se conoce a sí misma, se reconoce, sin que sea posible la menor equivocación; pero no se reconoce como tierra, agua, aire o fuego, que son los únicos elementos materiales; es inmaterial. Asimismo, percibe un mundo inteligible; pero, según un principio elemental de la Filosofía, sólo se conoce lo semejante por lo semejante; luego el alma es del mismo género que el mundo inteligible. Durante toda su vida vaciló sobre las teorías del origen del alma. Al fin estaba dispuesto a aceptar la teoría creacionista, si alguien le resolvía la dificultad de la transmisión del pecado original. En cuanto a la unión psicofísica, sería inadecuado hablar de unión sustancial o de unión accidental al estilo helenístico; más propio parece hablar de unión personal. Llegó a decir que le parecía más fácil de explicar la unión hipostática que la unión de un cuerpo con un espíritu, siendo ambos elementos tan hetereogéneos, disociables y separables. Frente al maniqueísmo y al helenismo estableció el concepto de espíritu (opuesto a naturaleza) y de libertad (opuesto a causa física). La libertad no es exención de coacción externa, sino también de determinismo interno, ya sea intelectualista o voluntarista. La libertad brota de la sustancia del alma, del subconsciente, no de las potencias.

3. Doble fundamento de la Filosofía. Si la dimensión del hombre es doble, también será doble el fundamento de la filosofía antropológica: alma y Dios, psicología y metafísica; no hay alternativa, sino conjunción, ya que el hombre es persona y especie, psicología y sociología, yo y no-yo. El fundamento subjetivo o psicológico es el primero, en el orden genético. Zenón de Elea obligó a Agustín a practicar una retirada estratégica, renunciando al objetivismo, y algunos han dicho que es el primer filósofo que reduce los objetos a fenómenos, el esse al vider